Artículo publicado por Eva Garcés Soler es CEO y fundadora de Mendips Talent Development, consultora estratégica en desarrollo del talento, psicóloga, coach y experta en bienestar organizacional y empoderamiento femenino. Es autora de las novelas Mujeres sabias y maravillosas y Sirenas de Tierra.
¿Cuántas veces hemos sentido que teníamos que hacerlo todo bien? Ser buenas profesionales, madres, parejas, hijas y amigas. Estar disponibles para los demás, responder a sus expectativas y, al mismo tiempo, encontrar tiempo para nosotras.
A lo largo de mi trayectoria profesional, acompañando a mujeres en procesos de desarrollo y liderazgo, he observado cómo la autoexigencia puede convertirse en una de nuestras principales limitaciones.
Mujeres competentes y comprometidas que sienten que nunca hacen suficiente. Directivas que restan importancia a sus logros porque consideran que simplemente han cumplido con su obligación. Profesionales que dudan de sus capacidades incluso cuando cuentan con una trayectoria sólida y resultados contrastados.
Es lo que conocemos como síndrome de la impostora: la dificultad para reconocer los propios méritos y la sensación de no estar a la altura, a pesar de disponer de evidencias de nuestra competencia.
Los mandatos sociales y las barreras invisibles
Desde pequeñas, muchas mujeres hemos crecido bajo mandatos sociales que nos animaban a ser responsables, complacientes, cuidadoras y discretas. Se nos ha enseñado a esforzarnos, pero no siempre a reconocer nuestros logros; a valorar el talento de los demás, pero no necesariamente el nuestro.
Aunque hemos avanzado en igualdad de oportunidades, algunos de estos mensajes siguen condicionando nuestras decisiones personales y profesionales.
A ello se suma el fenómeno conocido como suelo resbaladizo: las barreras, muchas veces invisibles, que dificultan el avance profesional de las mujeres desde los primeros escalones de su carrera. Sesgos en las decisiones de promoción, menor acceso a oportunidades de desarrollo y responsabilidades familiares desigualmente repartidas pueden frenar su progresión mucho antes de encontrarse con el conocido techo de cristal.
La sabiduría de aceptar nuestras contradicciones
Podemos ser mujeres independientes y necesitar apoyo. Tener una carrera profesional satisfactoria y cuestionarnos nuestras decisiones. Aspirar a posiciones de liderazgo y, al mismo tiempo, sentir miedo a asumir nuevas responsabilidades. Amar profundamente a nuestra familia y desear disponer de más tiempo para nosotras.
La madurez personal y profesional implica reconocer que somos seres complejos, con necesidades, deseos y emociones que no siempre encajan entre sí.
Etapas Vitales
A los 30 años, muchas mujeres están construyendo su identidad adulta, consolidando sus primeras decisiones profesionales y definiendo qué lugar quieren dar a la pareja, la maternidad o la independencia personal. Es una etapa llena de posibilidades, pero también de presiones. ¿Estamos eligiendo nuestro camino o intentando cumplir un calendario vital que otros han establecido?
A los 40, la trayectoria profesional, las responsabilidades familiares y los proyectos personales pueden entrar en conflicto. A menudo aparece la sensación de tener que llegar a todo. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a renunciar a nosotras mismas para mantener el equilibrio?
A los 50, la madurez y, frecuentemente, la menopausia coincide con un momento de revisión vital. Algunas mujeres descubren que ya no quieren seguir desempeñando determinados papeles. ¿Y si esta etapa fuera una oportunidad para redefinir nuestras prioridades?
A los 80, la sociedad tiende a mirar a las mujeres desde la perspectiva de la edad, la dependencia o el pasado. Sin embargo, cumplir años no significa dejar de tener deseos, proyectos o capacidad de decisión. ¿Por qué seguimos asociando el envejecimiento femenino con la pérdida de protagonismo?
De la autoexigencia al autoconocimiento
La sabiduría requiere autoconocimiento y reflexión. Parar, observar, cuestionar nuestras creencias y transformar la experiencia en decisiones conscientes.
Si queremos desarrollar nuestra sabiduría, necesitamos dedicar tiempo a algo que frecuentemente relegamos: el autoconocimiento.
En una sociedad que valora la rapidez, la productividad y los resultados, detenernos a reflexionar puede parecer un lujo.
Te propongo tres preguntas para reflexionar:
- Reconoce tus aprendizajes.
Piensa en tres situaciones difíciles que hayas superado. ¿Qué descubriste sobre ti misma? ¿Qué capacidades desarrollaste? ¿Qué harías hoy de manera diferente?
- ¿Reconozco mi propio talento y mis logros?
Identifica tres capacidades que te hayan permitido superar dificultades o alcanzar objetivos. ¿Les otorgas el mismo valor que si las reconocieras en otra persona?
- ¿Qué cambiaría si no necesitara demostrar constantemente mi valía?
Quizá te atreverías a optar a una posición de mayor responsabilidad, defender tus ideas, establecer límites, delegar o tomar una decisión que llevas tiempo posponiendo.
- Aprende a valorar tu propio criterio.
Recuerda una decisión importante que tomaste y que resultó acertada. ¿Qué conocimientos, experiencias o valores te ayudaron a decidir? Reconoce tu participación en el resultado, en lugar de atribuirlo únicamente a las circunstancias.
No siempre basta con comprender racionalmente una situación para transformarla.
Las historias tienen una capacidad extraordinaria para hacernos sentir y reconocer aspectos de nosotras mismas que quizá no habíamos sabido expresar.
Desde esa convicción nace también mi faceta como escritora.
Esta mirada sobre la complejidad femenina está muy presente en mis dos novelas, Mujeres sabias y maravillosas y Sirenas de Tierra, que forman parte de una misma saga familiar.
A través de Camila, Mila, Lia y Laila, cuatro mujeres de diferentes generaciones, exploro sus fortalezas y vulnerabilidades, sus relaciones, sus ambiciones y las contradicciones que acompañan sus vidas.
Ninguna de ellas es perfecta. Se equivocan, dudan, aman, afrontan situaciones difíciles y toman decisiones que no siempre resultan acertadas.
Porque a veces necesitamos reconocernos en la historia de otra mujer para empezar a hacernos preguntas sobre la nuestra.
Sobre la autora
Eva Garcés Soler es CEO y fundadora de Mendips Talent Development, consultora estratégica especializada en transformación cultural, bienestar organizacional y empoderamiento femenino. Ha desarrollado su carrera profesional ocupando posiciones de responsabilidad en Recursos Humanos en distintas compañías multinacionales. Coach ejecutiva, colabora desde 2005 con ESADE Business School, actualmente, acompañando como coach a mujeres directivas en su desarrollo profesional y liderazgo. Es autora de las novelas Mujeres sabias y maravillosas y Sirenas de Tierra, en las que explora el universo femenino a través de distintas generaciones y etapas vitales.
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