Artículo de Alexandra Andrés. Consultora Sènior de Conversia, empresa patrocinadora del Congreso WE Girona 2026.

Cómo utilizar la IA sin incumplir el RGPD.

La inteligencia artificial (IA) ya no es una tecnología reservada para grandes empresas tecnológicas. Actualmente, miles de micropymes y trabajadores autónomos utilizan herramientas de IA en su actividad diaria para automatizar tareas, mejorar la productividad, captar clientes o reducir costes. Desde aplicaciones capaces de redactar correos electrónicos hasta asistentes virtuales, chatbots, herramientas de marketing automatizado o sistemas de análisis de datos, la IA se ha convertido en una aliada estratégica para pequeños negocios. Sin embargo, el uso de estas herramientas implica en muchos casos el tratamiento de datos personales de clientes, empleados, proveedores o usuarios, lo que obliga a cumplir la normativa de protección de datos, LOPDGDD y Reglamento General de Protección de Datos (RGPD).

Muchas pequeñas empresas utilizan aplicaciones de IA sin ser plenamente conscientes de los riesgos legales y de privacidad que pueden derivarse de un uso inadecuado. Por ello, resulta fundamental comprender cuáles son las implicaciones legales y qué medidas deben adoptarse para utilizar la IA de forma segura y responsable.

¿Por qué la IA tiene implicaciones en materia de protección de datos?.

La mayoría de las herramientas de inteligencia artificial necesitan datos para funcionar. Cuantos más datos reciben, más precisos suelen ser sus resultados. El problema surge cuando esos datos incluyen información personal, como nombres y apellidos, datos bancarios, información laboral, imágenes o grabaciones de voz, datos médicos o especialmente sensibles, etc. Cuando un autónomo o una empresa introduce este tipo de información en una herramienta de IA, está realizando un tratamiento de datos personales y, por tanto, debe cumplir con las obligaciones establecidas por el RGPD. Además, muchas plataformas de IA almacenan la información introducida por los usuarios para mejorar sus modelos, lo que puede generar riesgos adicionales si no se revisan adecuadamente las condiciones de uso y privacidad.

¿Cómo están usando la IA las micropymes y autónomos?.

La inteligencia artificial ya forma parte del día a día de numerosos autónomos y pequeñas empresas, que recurren a este tipo de herramientas para automatizar tareas y mejorar su competitividad. Entre los usos más frecuentes destacan los chatbots de atención al cliente en páginas web, capaces de gestionar reservas o resolver consultas; las plataformas de IA generativa utilizadas para redactar correos, campañas publicitarias, presupuestos o documentos; los sistemas automatizados de selección de personal que filtran currículums; las herramientas de marketing que analizan hábitos de consumo para personalizar publicidad; y las aplicaciones que graban y transcriben reuniones de forma automática.

Aunque estas soluciones permiten ahorrar tiempo y recursos, también implican importantes desafíos en materia de privacidad y protección de datos, especialmente cuando se manejan datos personales o información confidencial sin las debidas garantías.

Principales riesgos legales y de privacidad.

Uno de los riesgos más habituales se deriva de la falta de base jurídica para realizar el tratamiento de estos datos. No basta con utilizar una herramienta tecnológica porque resulte útil o eficiente, es necesario contar con una base jurídica que lo legitime, como el consentimiento del usuario, la ejecución de un contrato, el cumplimiento de obligaciones legales o el interés legítimo debidamente justificado.

Por otro lado, la mayoría de los usuarios no tienen en cuenta que pueden estar usando plataformas de IA de fuera de la Unión Europea, puesto que muchas alojan sus servidores en Estados Unidos u otros países fuera del Espacio Económico Europeo. Esto puede implicar transferencias internacionales de datos, que requieren garantías específicas según el RGPD.

Introducir información sensible en herramientas de IA públicas puede provocar filtraciones o accesos no autorizados. Este riesgo de pérdida de confidencialidad es especialmente relevante para determinadas actividades como abogados, clínicas, gestorías – asesorías, servicios, servicios financieros, consultoras de recursos humanos, etc.

El RGPD reconoce el derecho de las personas a no ser objeto de decisiones automatizadas que produzcan efectos significativos sin intervención humana. Por ello, utilizar IA para aprobar créditos, seleccionar candidatos o valorar clientes puede requerir garantías adicionales.

Por último, como en cualquier tratamiento de datos personales, debe respetarse, en todo caso, el principio de transparencia. En este sentido, los usuarios deben haber sido informados sobre qué datos se recopilan, para qué se utilizarán, durante cuánto tiempo, quién tendrá acceso a ellos y si va a haber intervención de IA.

Posibles consecuencias de un uso incorrecto.

El incumplimiento de la normativa puede generar importantes consecuencias para autónomos y pequeñas empresas como sanciones económicas, reclamaciones de clientes, daño reputacional o filtraciones de información confidencial debido a una mala configuración de las herramientas de IA que podría provocar fugas de datos sensibles.

De ahí la importancia de estar bien asesorado al respecto y promover buenas prácticas. Aunque muchas micropymes no desarrollan IA propia, sí utilizan herramientas de terceros, por lo que deben asegurarse de trabajar con proveedores que cumplan la normativa.

Conclusión.

La clave no consiste en evitar la IA, sino en utilizarla de forma responsable, transparente y segura.

Las pequeñas empresas que integren correctamente la inteligencia artificial respetando la privacidad de las personas no solo reducirán riesgos legales, sino que también generarán mayor confianza entre clientes y usuarios.

En un entorno cada vez más digitalizado, la protección de datos ya no es únicamente una obligación legal: se ha convertido en un elemento esencial de competitividad y reputación empresarial.

Sobre la autora del artículo.

Alexandra Andrés, especializada en asesoramiento, implantación y auditoría de diferentes normativas dentro del Departamento de Consultoría de Conversia. En 2006, Alexandra se licenció en Derecho en la Universidad de Barcelona (UB) y continuó sus estudios jurídicos realizando un Posgrado de Práctica Jurídica por el Colegio de Abogados de Barcelona (CAB). Desde entonces, ha realizado diferentes cursos de especialización en Protección de Datos y Comercio Electrónico por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Privacidad y Gestión de la Información y Prevención del Blanqueo de Capitales. En el año 2016, Alexandra entró a formar parte del equipo de Consultoría de Conversia y, a día de hoy, es responsable de gestionar el área de formación y defensa jurídica. Además, presta asesoramiento experto en Protección de Datos, Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico y Planes de Igualdad.

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